En Biescas, un pueblo de apenas 1.500 habitantes en el Pirineo aragonés, nació a finales de 2024 un concepto que ahora se prepara para crecer por toda España en formato franquicia. Se llama Mala Yegua y es una vermutería con coctelería fundada por Toni Sánchez, un hostelero que llevaba más de quince años viviendo en la localidad oscense.
El concepto se apoya en lo que la propia marca define como "cocina de ensamblaje": gildas, encurtidos y un catálogo de más de un centenar de vermuts, combinados con coctelería de autor, sin necesidad de una cocina con fogones. Esa sencillez operativa —menos espacio, menos personal especializado— es precisamente uno de los argumentos con los que la marca busca ahora franquiciados.
De Biescas a Santander, con la mirada puesta en 40 locales
Mala Yegua ya ha dado el salto fuera de su pueblo de origen con un local abierto en Santander, y apunta a nuevas plazas como Tarragona, Santiago de Compostela, Sevilla y Roquetas de Mar dentro de su plan de expansión. El objetivo declarado por la marca es alcanzar entre 35 y 40 locales en un plazo de cinco años, un crecimiento respaldado por el reconocimiento que ya ha recibido el concepto original: Mala Yegua se alzó con el premio a mejor gastro pub de Europa en los World Luxury Awards 2025.
Cuánto cuesta abrir una franquicia de Mala Yegua
Según las condiciones hechas públicas por la marca, la inversión inicial para abrir un local parte de 69.000 € + IVA, con un canon de entrada de 18.000 € + IVA (incluido dentro de esa inversión) y un royalty de explotación del 6% sobre ventas, sin canon de publicidad adicional. El local mínimo recomendado es de 100 m² en poblaciones de al menos 50.000 habitantes, con un ticket medio proyectado de entre 20 y 25 € y un EBITDA esperado cercano al 20%, cifras que la propia enseña presenta como estimaciones orientativas y no como una garantía de rentabilidad.
Un sector que sigue atrayendo inversión
El lanzamiento de Mala Yegua se suma a una tendencia que viene marcando el sector de la hostelería en franquicia en los últimos meses: conceptos nacidos en una sola ciudad, con una propuesta diferenciada y poca competencia directa, que dan el salto a franquicia para crecer sin asumir en solitario el riesgo de abrir local a local. La ventaja que esgrime Mala Yegua frente a una hostelería tradicional es precisamente la simplicidad operativa: al no depender de una cocina con fogones, reduce la necesidad de personal cualificado en sala de producción y acorta los tiempos de apertura, dos de los frenos habituales a la hora de franquiciar un negocio de restauración.
Para quien valora este tipo de oportunidad, conviene recordar que las cifras de inversión y rentabilidad que publica cualquier marca son siempre estimaciones de la propia enseña: antes de firmar nada, lo prudente es pedir el documento informativo precontractual y hablar con franquiciados que ya estén operando, para contrastar sobre el terreno el ticket medio y el margen reales del negocio.
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